ENTREVISTA

Rita Macadam aterrizó en Ezeiza el 20 de marzo. Tenía planificado volver a Argentina en agosto, después de cinco meses cursando la carrera de agronomía en Colombia, pero la emergencia sanitaria le dejó los planes en pausa.

Desde la cuarentena que cumple en su casa, nos contó cómo vivió la experiencia de viajar sola por primera vez y tener que regresar a contrarreloj, a medida que los países cerraban fronteras.

Rita Macadam estudia Ingeniería Agronómica, juega al fútbol en el equipo de la #FCAUNER y reconoce que le da pereza empezar cosas nuevas, casi siempre por vergüenza. Nació y creció en una estancia de General Galarza, un pueblito cerca de Gualeguay, donde su padre es el encargado. De allí se mudó a Oro Verde, para estudiar. Pero hace poco decidió que era momento de probar sus propios límites y aprovechar al máximo las oportunidades de la carrera.

Hace un tiempo venía pensando en hacer un intercambio. La rutina me aburría y sentí que era el momento de conocer otras culturas, otras personas, otras formas de pensar. En mi familia siempre me dijeron que después de viajar, no volvés a ser la misma persona. Creces. Y yo quería explorar nuevas fronteras.

Con 21 años y la carrera al día, la estudiante vió en una publicación de instagram la oportunidad de sumarse al programa PILA y se entusiasmó. Cómo el destino le resultaba indistinto, se inscribió a las tres opciones que le ofrecían: Colombia, Brasil y México.

– Desde la FCA, con mucha paciencia, me ayudaron a completar los papeles que pedían. También las facultades de destino, mostraron siempre muy buena predisposición.

El 4 de marzo Rita llegó a Bogotá. Un colectivo perteneciente a la Universidad Pedagógica y Tecnología de Colombia trasladó a los estudiantes de intercambio desde el aeropuerto “El Dorado” hasta la sede central de la institución en la localidad de Tunja, donde el Decano, el Director y otras autoridades los recibieron.

Desde el primer momento, en la UPTC, nos hicieron sentir en casa. Se tomaron el trabajo para conocernos, incluso antes de que llegáramos, y hasta nos regalaron llaveros personalizados. Todo el tiempo se pusieron a disposición, tanto en lo académico como en lo personal.

Mientras realizaban los trámites de inscripción y esperaban el inicio de clases, Rita fue conociendo a los otros estudiantes de intercambio. Así, entabló amistad con dos mendocinas de la UNCUYO: Carla Barbieri, que estudia Licenciatura en Matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y Valentina Rosario Capdevila, alumna de la Licenciatura en Educación Infantil en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Con los estudiantes de intercambio hicimos un lindo grupo. Salíamos a los pueblos cercanos a conocer o nos juntábamos a tomar mate o comer. Aunque fue poco el tiempo que compartimos, me brindaron una gran perspectiva respecto a formas de pensar, no sólo los chicos de de Nicaragua o Brasil, también de otros argentinos que por la carrera o el ambiente donde estudiaron, tienen una visión muy distinta de las cosas.

Tras casi quince días, todos estaban ansiosos por empezar a cursar. En Colombia todavía no había casos de COVID-19 y la vida transcurría normalmente.

Las clases debían iniciar un lunes. Primero las suspendieron por 48hs. Pero el martes a la tardecita, enviaron un mail informando que entraban en cuarentena hasta el 12 de abril.

En el mismo correo, la UPTC les ofrecía dos opciones: Volver a sus países o esperar y cumplir el aislamiento en Colombia. Quedarse implicaba disponer de dinero propio para la compra de provisiones y hacerse responsable de los gastos médicos que pudieran surgir, ya que ningún seguro cubría los tratamientos por COVID-19.

Estaba más o menos al tanto de la situación que se empezaba a generar por el coronavirus pero, hasta ese momento, no lo dimensionaba completamente. Cuando recibí el correo, me asusté un poco, no le tenía miedo a la enfermedad, sino al caos.

Rita no lo dudo. Su primer impulso fue volver. Desde el Área de Relaciones de la UNER, María Josefina Rayan se encargó de insistir para que la compañía aérea le cambiara el pasaje al primer vuelo disponible.

Me consiguieron pasaje de vuelta para el jueves 19 de marzo. Pero la ciudad en la que estaba, Tunja, avisó que el miércoles 18 iba a cerrar sus fronteras. Así que empaqué todo y me fuí a un hotel a Bogotá. Busque un alojamiento cerca del aeropuerto y traté de quedarme adentro todo lo posible.

El panorama cambió rápido. La situación empeoró cuando los vuelos empezaron a ser cancelados y los distintos países, entre ellos Argentina, cerraron fronteras.

El regreso era con escala en Panamá. Y ahí no hubo problemas. Lo que se demoró fue el segundo avión. Cómo toda la tripulación era panameña, no podía desembarcar una vez que llegáramos a Ezeiza. Para evitar inconvenientes, la empresa demoró el vuelo. Finalmente, salimos a las 2:40 am del 20 de marzo. Después de todo el estrés, las dudas y las esperas, cuando por fin despegamos, empecé a sentirme en casa.

Una vez en Buenos Aires, ya estaba en vigencia el protocolo de control para quienes retornaban al país. Un plantel de médicos y profesionales los esperaban con mamelucos, barbijos y termómetros.

Del avión bajamos en grupos de diez personas, distanciados por un metro. Nos tomaron la temperatura y nos hicieron declarar donde nos encontrarían en los próximos 15 días, porque automáticamente ingresamos en cuarentena obligatoria.

El papá de Rita la esperaba afuera del aeropuerto. Volvieron directo a su casa General Galarza, donde ambos están aislados.

Lo bueno es que estamos en el campo. Podemos salir de casa a caminar o correr y seguimos sin tener contacto con nadie. No me arrepiento de volver. Me siento segura estando en mi país, con la gente que conozco.

Desde la Universidad Pedagógica y Tecnología de Colombia, le ofrecieron retomar la beca el próximo semestre o cancelarla definitivamente.

La verdad es que es una flor de experiencia. Una gran oportunidad para ver un abanico de cosas que, estando siempre en el mismo lugar, no siempre conocés. En lo profesional, creo que ayuda a definirte sobre la carrera y también a pensar si hay algo en lo que quieras especializarte. En lo particular, reconozco que todavía tengo presente una mala sensación y no estoy segura de volver, al menos hasta que se aclare el panorama.

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